En el Cañón del Micay se desarrollará la primera experiencia de pasar de una economía ilegal a otra legal: presidente Petro

En el Cañón del Micay se desarrollará la primera experiencia de pasar de una economía ilegal a otra legal: presidente Petro

El Presidente Gustavo Petro Urrego anunció este martes que su Gobierno busca convertir el Valle del Micay -uno de los complejos cocaleros del suroccidente del país- en el plan piloto de su nueva política contra las drogas, que les permita a las comunidades campesinas dar el paso de una economía ilegal hacia otra legal.

“En el Valle del Micay (Cauca) queremos hacer la primera experiencia concertada con la comunidad toda. Algunos nos querrán, algunos otros no, para transformar una economía en otra. Eso vale dinero, indudablemente. Y eso necesita de un Estado y más que del Estado, de un esfuerzo social, incluso, que va más allá de nuestra propia nación. De un esfuerzo nacional, indudablemente. Con ustedes queremos cambiar esta economía”, manifestó.

El anuncio lo hizo el jefe de Estado durante la presentación de la Política Nacional de Drogas 2023-2033 ‘Sembrando vida, desterramos el narcotráfico’, la cual tuvo lugar en el municipio de El Tambo (Cauca).

Sostuvo que la nueva política contra las drogas no se basa en la represión ni en llevar a los campesinos a la cárcel y aseveró que el objetivo es “lograr que un campesinado y unas comunidades étnicas puedan prosperar, mostrándole al mundo cómo una política que no se basa en las rejas, que no se basa en las extradiciones, que no se basa en la corrupción del Estado o en la represión, puede ser muchísimo más eficaz”.

“No lo puedo lograr en cuatro años en el conjunto del país por la extensión del problema que ya tenemos. Pero podemos demostrarlo en el Cauca”, precisó.

Una regió​n próspera y en paz

​El presidente Petro explicó que el Gobierno quiere transformar esos territorios en unas regiones prósperas en donde reinen la educación y la paz. 

“Nosotros queremos una economía campesina próspera que permita -como decía en mis discursos de campaña- que cualquier hija o cualquier hijo del campesino y de la campesina pueda estudiar siquiera medicina, matemáticas o filosofía. Ese es el objetivo. Queremos esa comunidad en paz”.

El jefe de Estado recalcó que, con su Gobierno, la región del Micay tiene la oportunidad de torcer el curso de una historia de décadas alrededor del narcotráfico y transformar esa realidad.

“El Micay tiene una responsabilidad, hoy con nosotros, el Gobierno, y con los que están armados ahí, en el Valle del Micay, y es si hacemos un cambio así, es decir, si nos volvemos revolucionarios. Y entonces hacemos un cambio así, donde ese destino desaparece de nuestra historia y somos capaces de mostrarle al mundo y al país que podemos transformar la realidad en una realidad que beneficie al pueblo, en donde pueda haber democracia, que no es más sino el gobierno popular, el poder popular y la paz”, subrayó.

El Valle del Micay es el epicentro de las operaciones que el Ejército Nacional desarrolla actualmente contra las organizaciones criminales del narcotráfico. 

“Yo he dado la orden a todos los miembros del Ejército de tomar El Plateado (en el Valle del Micay). Yo la di, ahí no puede haber confusión”, enfatizó el presidente.

La nueva política contra las drogas

​La nueva estrategia del Gobierno del Cambio da prioridad al cuidado de la vida y del ambiente, poniendo en primer lugar los derechos humanos, la salud pública y el fortalecimiento de la paz, y en su formulación participaron, por primera vez en la historia de Colombia, las comunidades y los territorios directamente afectados por el tráfico ilícito de drogas.

Para ello, el Ministerio de Justicia realizó 27 espacios territoriales en 16 departamentos y Bogotá, 51 mesas técnicas bilaterales, tres sesiones con aliados estratégicos, cinco con sectores de la Comisión Mixta de Coordinación y Seguimiento y tres espacios con sectores específicos: mujeres, jóvenes y prevención.

El objetivo es reducir casi a la mitad la producción de cocaína en el país, afectar las finanzas ilícitas, reducir la deforestación anual y bajar sustancialmente las emisiones de CO2 a la atmosfera, apoyándose en dos pilares principales: Oxígeno, dirigido a los territorios, las personas y los ecosistemas afectados por el mercado de drogas ilegales; y Asfixia, enfocado a las estructuras criminales que generan violencia y se lucran en mayor proporción de esta economía ilícita.

La nueva política ha sido presentada y recibido apoyo en diversos foros y escenarios, entre ellos las Naciones Unidas, la Unión Europea y Estados Unidos.